• Julieta Díaz Barrón

Aguascalientes: herencia viva de trabajo.

Las sierras de Aguascalientes aguardan, milenariamente, la vista que logre abarcarlas pero advertimos que no hay manera. Ya sea la Sierra del Laurel o la Sierra Fría o la de Guajolotes, cada una implicaría ver, observar, detener la vista, avanzar, y tratar de ver otra vez. Si bien en términos generales el territorio que abarca Aguascalientes podría describirse como no extenso, en términos reales la inmensidad se hace presente. Los espacios abiertos no conocen tregua y tampoco los sabinos y mezquites que los coronan.



Por algo Aguascalientes es un estado que surge y se entiende desde el concepto de recorrido y trasiego económico intenso. No solo por la antigua ruta de la plata, que le da inicio, sino porque su espacio es un traslado de realidades, personas y proyectos. Ante el trajinar del hoy, la sabiduría de cerros y montes espera quieta la sabiduría del paso de los años que han sido testigos de cómo esta zona quieta se convirtió en camino de riqueza para muchos.


Uno no puede más que imaginar cómo, en el S. XVI se sentirían quienes atravesaban estos caminos y senderos. Debieron sentir esa admiración mezclada con expectación que provocan estos cerros y este inmenso color azul del cielo que los baña. Aguascalientes por eso es sinónimo de riqueza. Sin su obligado paso y detenimiento no podría entenderse la historia de la Nueva España y el crecimiento del imperio español al que contribuyó.


En el corazón de estos caminos se inserta la ciudad de Aguascalientes. Patrimonio Nacional declarado por el INAH en 1990. Un centro que es testimonio del auge surgido por el tesón y la disciplina de sus primeros habitantes. Una legendaria vocación por el trabajo duro que aún sigue estando presente y que se puede atestiguar en su actividad económica manufacturera especializada, su ganadería y comercio, así como en su intenso intercambio que sostienen con todo el mundo.



Esa intensidad ha dejado huellas. Su edificio de la Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Asunción de Aguascalientes tomó 34 años en edificarse y es un prodigio del barroco en cantera rosa cuya dimensión también provoca admiración. Es su interior, las tres naves aguardan con sigilo a los creyentes que vienen a postrarse ante su serena vista. No puede comprenderse cómo fue construida sin imaginar el valor y disciplina de sus creadores: arquitectos, artesanos y constructores.


Y este edificio emblemático es justo semilla de muestra de una constante de los habitantes de este estado: que el trabajo es la medida de una persona, que sus resultados son su herencia y que si algo les distingue a quienes nacieron en estas tierras es que nunca se dan por derrotados. Por eso la Feria de San Marcos debe verse no solo en el contexto de festividad, que lo es sin duda alguna, sino también de muestra de la intensa economía de la región.


Las Haciendas de Aguascalientes son testigo de la energía y vigor que las mantuvo y mantiene vivas después de tantos años. Sus muros serios y quietos ofrecen vistas espectaculares para todos quienes quieran aprender cómo se desarrolló el sistema económico en México. Y si bien hoy los paseantes se llenan la vista ante sus colores, también es cierto que se admiran ante el conocimiento de su valor. Sus trojes, graneros y patios inmensos ayudan a imaginar cómo sería la articulación de cientos de hombres y mujeres que le dieron protagonismo.


Por eso no es secreto la razón por la que Aguascalientes fue considerado por tres años consecutivos por parte del Banco Mundial como el mejor clima para los negocios. Aquí se trabaja y el compromiso se hace palabra. Se honra la creación y la iniciativa. Por eso la Feria de San Marcos es la feria de ferias, porque orgullosamente exhibe una capacidad de trabajo que no conoce par. Basta asomarse un solo día a uno solo de sus pabellones para sorprenderse con tantos testimonios de valor.


Aguascalientes, el estado sereno que sabe apreciar tanto la vida que no le teme a la muerte: que la conoce, la festeja y la estudia. El estado de los templos y exconventos que aguardan el paso de los siglos edificados en voluntades que siguen con tesón su experiencia. Aguascalientes, el estado que se mira con detenimiento y cuya herencia sigue viva en cada mujer y hombre que lo habitan.


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